Mensaje del Padre Miguel Romero

En el caso de hoy, Pedro nos exhorta a defender lo que creemos, pero más que con razones, las cuales son necesarias, con la mansedumbre, el respeto, incluso diríamos, el amor hacia aquel que nos interpela. Cosa que tiene mucho sentido: no se puede “defender” que uno es seguidor del Crucificado si no se tiene la disposición de participar en algo de su dolor y humillación. Por eso leímos hoy: “es mejor padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal.”

“Recibieron el Espíritu Santo”

Volvamos a la primera lectura. Su punto central es la frase del final: “Pedro y Juan les impusieron sus manos a los samaritanos, y ellos recibieron el Espíritu Santo.” Este gesto lo repite la Iglesia de manera formal, solemne y eficaz en el sacramento de la confirmación. Como sucesor de los apóstoles, el obispo implora sobre los ya bautizados la acción del Espíritu Santo, les impone las manos y ora sobre ellos.

 

“No los dejaré huérfanos”

La compasión de Cristo no tiene limites. Lo demuestra una vez mas en el pasaje evangélico que hemos escuchado hoy. A las puertas mismas de su dolorosísima Pasión, Nuestro Señor parece desatender su propia angustia, sólo preocupado por lo que puedan vivir y tener que afrontar los suyos. Es admirable en grado sumo esta capacidad suya para posponerse, para darse, para amar “hasta el extremo” Jn 13, 1 Por eso les anima con palabras blandas y da el remedio antes de que llegue la herida: “No los dejare Huérfanos” les dice. Así es hermanos, Dios nos ama con un amor incondicional, acerquémonos a Él para conocer cuán admirables son sus obras y su amor por nosotros. No nos dejemos llevar por las ilusiones pasajeras si no que busquemos el amor verdadero que solo nos lo da Dios.

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