Mensaje del Padre Miguel Romero

Queridos hermanos y hermanas en la liturgia de la Palabra de este domingo vemos que, tanto en la primera lectura como en el evangelio son claras las palabras de desengaño. Hay una traza de evidente tristeza en la exclamación del profeta: “¿Que más pude hacer por mi viña, que yo no lo hiciera? ¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas, las dio agrias?” La tristeza se vuelve denuncia en el evangelio que oímos este domingo: “Cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?

 

Sin embargo, hay que ir más allá de la tristeza o la ira contenida. Lo esencial es la distancia entre el proyecto de Dios, que es llamado hacia la fecundidad, y el escaso y amargo fruto de la perversíon humana, que termina conduciendo a la amargura y la muerte. De esa distancia o “decepción” brotan las expresiones claramente antropomorficas que hablan de un Dios “desilusionado” o “embravecido.”

 

Por supuesto, el mensaje no termina en la de decepción. La denuncia de los profetas, y sobre todo del Profeta por excelencia, Jesucristo, es también anuncio de que Dios tuvo y tiene un plan mejor. Nuestro Dios quiere la fecundidad y la vida, y podemos expresarnos diciendo que se duele ante la esterilidad y la muerte con que hemos ensombrecido su obra, que somos nosotros mismos.

 

El anuncio del nuevo plan está ya en las duras palabras de Cristo a sus adversarios: “les digo a ustedes que les será quitado el Reino de Dios y se les dará a un pueblo que produzca sus frutos. “Hay en este lenguaje un regaño, por supuesto, pero la causa está tan clara que cualquiera puede evitarlo. Todo consiste en preguntarse qué estoy haciendo con lo que Dios ha sembrado en mi, o sea, cómo estoy cultivando mi viña. La pregunta, sin embargo, no debe quedarse individualmente. Los papás pueden preguntarse cómo estoy cultivando mi viña en mi hogar? Los pueblos pueden examinarse sobre el legado de fe y cultura que han recibido. Hermanos les invito a reflexionar en estas palabras, que hoy nos han dejado el profeta, tratemos pues de dar lo mejor de nosotros en todos los aspectos para así cosechar frutos abundantes especialmente en la fe y el amor que tanto nos hace falta en estos tiempos de incertidumbre.

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