Del escritorio del Diácono Tim Schulz

“La Invitación”

 

Si nos sentamos y meditamos el evangelio de hoy en oración, notaremos que el Rey representa a Dios, la fiesta de bodas representa el reino de Dios. Los invitados representan al pueblo elegido, que hizo un pacto con Dios. Y finalmente, los invitados sustitutos representan a los pecadores y a los gentiles de la época de Jesús. Son las personas que aceptaron a Jesús después de que el pueblo escogido de Dios lo rechazó.

 

La parábola de la fiesta de bodas trata sobre nuestra respuesta al llamado de Dios. Primero nos advierte de los peligros de la indiferencia. Cuando el Padre nos invita a tener una relación con Su Hijo, podemos optar por responder o podemos rechazar la invitación en silencio y volver a nuestras búsquedas personales como si nada hubiera cambiado y no se hubieran impuesto nuevas demandas en nuestras vidas. Otro peligro que se nos ha llamado la atención es la indignación. Mucha gente lucha contra la idea de que todos somos pecadores y necesitamos la salvación. En tales casos, las buenas nuevas y su llamado al arrepentimiento pueden parecer una amenaza para nuestra felicidad y nuestros deseos más profundos de satisfacción en la vida. Esto puede ponernos a la defensiva e incluso provocar una respuesta hostil hacia aquellos que nos desafían con afirmaciones de Cristo. Finalmente, la parábola nos advierte contra la conversión incompleta. El hombre sin el traje de boda no había ignorado ni rechazado la invitación a la fiesta. Pero su sí a la llamada de Dios no se cumplió en su vida. Quería las cosas buenas del reino, pero no lo suficiente como para romper con sus caminos pecaminosos y vivir como un discípulo comprometido.

 

Dios no invita, hermanos y hermanas, como me invito a mí mismo, a tomarnos un tiempo en oración esta semana para reflexionar sobre cómo estamos respondiendo a la invitación de la fiesta de boda. ¿Es nuestra respuesta un sí, y luego no cumplimos, o decimos no a la solicitud porque las cosas de este mundo son más atractivas para nosotros? Dios amó tanto al mundo que envió a su único Hijo para salvar cada uno de nosotros del pecado y la muerte. ¿Qué harás con tu invitación? En Paz y Bendiciones!!

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